Shangri-La estaba apenas a 50 metros de mi antigua casa. Cuando vine a vivir a este barrio desde la calle se veía su jardín y todos los años por los meses de mayo o junio me detenía a admirar a través de la cancela diáfana un macizo de agapantos que cubría de violeta todo un lateral de la casa.
12 años después los agapantos no sólo están en un lateral de la casa, sino que la rodean por 3 de sus extremos y no los contemplo desde la calle sino desde las ventanas de Shangri-La.
De una casa pueden enamorar muchas cosas, a mi me enamoraron el nombre y un macizo de agapantos.




